La polémica
Durante los meses de septiembre y octubre de 2025, el MALBA expuso obras de la artista Carrie Bencardino. Se trataba de una muestra titulada “El desentierro del diablo”, y que estuvo en exhibición hasta el 13 de Octubre en el subsuelo del museo.
El artista Gustavo “Ciruelo” Cabral, luego de visitar dicha muestra, hizo un posteo en Instagram, donde expresó: “Visitando el MALBA me encontré con una pintura expuesta que me resultó muy parecida a una pintura mía de 2005 llamada Dragon Caller”.

Esto generó miles de reacciones y comentarios y reavivó la discusión acerca del procedimiento de utilización de obras artísticas ajenas, el cual es aceptado por una parte de la comunidad artística y mirado con desconfianza por la otra parte.
La misma Bencardino, en un comentario a ese mismo posteo de “Ciruelo” reconoció: “Te cito siempre como mi gran referente al hablar de esta obra. Mi muestra gira en gran parte en torno a las imágenes que más me influenciaron cuando era adolescente y me empezaba a interesar el arte”.
Al mismo tiempo, el MALBA publicó un descargo, también en sus redes, en el cual hacía referencia al procedimiento utilizado por los artistas que toman las obras de otros y las transforman y reinterpretan y puntualmente acerca de los procedimientos de Bencardino y de la muestra, apuntando que, en las recorridas, el equipo del museo hace referencia a estas técnicas y a los artistas que fueron inspiración para la creación de las obras exhibidas.
Ante la polémica, Ciruelo aclaró que estaba lejos de demandas y acusaciones y borró su posteo sobre el tema (el cual había generado comentarios agresivos, especialmente hacia Bencardino); y el museo, por su parte, añadió un cartel señalando a la obra de Ciruelo como una influencia en el trabajo de Carrie.

Utilización de obras artísticas ajenas. El diálogo entre obras
El diálogo que se produce entre una obra nueva (experimental o no) y otra obra que ya forma parte del canon (o que, como en este caso, es reconocida y valorada), esa interacción es, por lo general, un recurso de homenaje, de puesta en valor.
Esto es así en los casos en que resulta evidente que no se pretende usufructuar derechos derivados de la autoría; por el contrario, en estos casos, en general, se apela al conocimiento que el público tiene de la obra original para validar la referencia.
Sin embargo, la intención de “diálogo entre obras” debe ser clara; y las aclaraciones solamente podrán resultar innecesarias cuando la referencia a la obra canónica es obvia e ineludible.

Pero cuando no lo es, es conveniente aclarar cuál es la obra que se ha tomado para la interacción, de tal modo que quede clara la falta de intención plagiaria (la intención plagiaria es lo que nuestro derecho censura).
En el caso, en un primer momento, Cabral no consideró que fuera evidente el homenaje.
La polémica acerca de si las aclaraciones o la referencia a la obra de “Ciruelo” estuvieron presentes o no desde un inicio es difícil de saldar para nosotros en este momento. Sin embargo, son importantes las aclaraciones y reconocimientos formulados por Bencardino y por el MALBA ante el reclamo de Cabral.
Por suerte, esta polémica no se dirimió judicialmente (por ejemplo, con un pedido que apunte a quitar la obra de exhibición), posibilidad incómoda, engorrosa e inconveniente para ambos artistas y para el Museo.
Fin de historia con grandes avances

Más allá de los hechos del presente caso y de las posturas específicas asumidas por los interesados, creo que ha sido una excelente oportunidad para reavivar el debate, no sobre el plagio específicamente, sino sobre el fenómeno mucho más interesante de la utilización de técnicas de diálogo experimental con obras canónicas (uso creativo de una obra ajena) y de cómo éstas se han convertido en procedimientos habituales en distintas artes (en la literatura, por ejemplo, esto tiene sus propias características).
Y, en el caso, todo se resolvió satisfactoriamente, dejando reflexiones y pautas de actuación. Veamos: se produjo un acto artístico de utilización de una obra ajena, como homenaje. El homenajeado se enteró y, aunque al principio no entendió que fuera un homenaje, una vez que se explicitó la intención, lo aceptó. Finalmente, el museo que dio lugar a la exposición y la artista que exponía y que realizó la utilización de obra ajena entendieron que, cuando tienen lugar estos procedimientos, y si no resulta evidente que se está utilizando una obra ajena, debe especificarse cuál es la obra que se tomó y se resignificó.
Por ende, creo que hubo un avance importante en el campo de los usos creativos de obras ajenas y un debate saludable y un paso adelante hacia la aceptación de estos procedimientos en la comunidad artística, siempre y cuando se cumplan ciertas pautas.




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