Artaud Cultural

GUERREROS ATÍPICOS: ROCK DE PASADO, PRESENTE Y FUTURO

Camionero, el power dúo que vuelve a poner el rock en funcionamiento desde la insistencia, la persistencia de lo colectivo y la experiencia en vivo.

En los últimos años escuchamos una y otra vez la idea de que el rock ya había dicho todo lo que tenía para decir. Al parecer, todas las formas posibles que adquirió el género -y también sus alteridades- ya fueron (re)elaboradas, hasta llegar a un punto de agotamiento o declinación. Críticos y teóricos culturales se atrevieron, incluso, a hablar de una crisis de la imaginación inventiva, apoyados en la noción de que todos los métodos de composición y recombinación de las tramas sonoras ya habían sido explorados, navegadas todas las décadas y todos los océanos. En ese marco, el rock parecería condenado a sobrevivir como archivo, cita o gesto nostálgico. La pregunta, entonces, era inevitable: acaso, ¿habrá algo que logre interpelarnos y oponerse a esa lenta “cancelación del futuro” de la que hablaba Mark Fisher?

Ese escenario se vuelve aún más pesimista si se lo cruza con el impacto que la tecnología tuvo en la industria músical, en general, y en nuestras vidas, en particular. El cambio no fue sólo técnico, también instaló nuevos hábitos de escucha y consumo, redefiniendo cómo se crea, comparte y experimenta la música. Hoy somos usuarios cantándole al algoritmo, ya no importa tanto ahondar, sino acumular canciones que engrosan playlists que compiten y se devoran entre sí. La música queda subordinada a un régimen de consumo veloz, una atención dispersa y una percepción desechable, en ese marco la escucha profunda se vuelve excepcional. 

Con todo, cuando ese diagnóstico parecía clausurado, el rock encuentra un punto de fuga en la experiencia compartida del vivo que propone Camionero -en ese aquí y ahora benjaminiano- la propuesta consigue que el género deje de funcionar como archivo para volver a ser acontecimiento. Desde el cuerpo, la presencia y el encuentro, esta banda logra reinventar la escena del rock contemporáneo. 

De fórmula simple pero contundente, Camionero es el proyecto que lideran Joan Manuel Pardo y Santiago Luis, guitarrista-cantante y baterista respectivamente. Forjado en la zona norte de Buenos Aires en 2017, el dúo trabaja sobre un rock de garage saturado, espeso y valvular. En una primera escucha aparecen ecos reconocibles, la lógica del power dúo de The Black Keys o cierta tensión vocal que remite al pulso británico de Arctic Monkeys; pero lejos de quedar atrapada en el juego de las comparaciones, la banda construye una identidad propia. Su sonido se sostiene en la potencia de sus estribillos in crescendo y en una energía que pone a prueba la tolerancia adrenalínica de quien se entregue a la escucha. Melodías de raíz bluseras que podrían arrancarle una sonrisa a Pappo’s Blues o Manal se entrelazan con riffs tajantes, solos filosos, una voz deliberadamente saturada y un groove persistente que avanza sin conceder respiro. 

En el vivo, lo que emerge de estos dos músicos es una alianza física sólida: una batería que se impone como un motor constante y una guitarra expandida a fuerza de volumen, pedales y saturación; emancipada, sin extrañar ni precisar un bajo y siendo capaz de desplazarse entre acordes pesados junto a licks rápidos y robustos. El resultado es un espectro sonoro de alto impacto. 

Fotógrafo: Yoel Alderisi

 Salida especial ¿acaso no es especial? 

En Camionero la defensa del vivo es algo más que una declaración de principios: es un manifiesto que se verifica en los hechos. 

Durante 2024 la banda tocó más de cincuenta veces, con un promedio cercano a un recital por semana, y 2025 marcó definitivamente un punto de inflexión: además de las fechas en el AMBA, Camionero emprendió una gira por distintos puntos del país y sumó plazas internacionales como Chile y México. En paralelo, llevaron adelante el ciclo Tracción a Sangre, una serie de recitales mensuales que, en CABA, desarrollaron en lugares como Morrison Club Cultural y el Centro Cultural Matienzo. Con el correr del tiempo, la convocatoria desbordó aquellos espacios y obligó a la banda a mudarse a una sala de mayor capacidad. 

Lo que comenzó como un conjunto de fechas, además de ser prueba concreta de ese crecimiento, configuró un dispositivo activo de encuentro, circulación y pertenencia. Así, Camionero cerró el 2025 con la edición XX del ciclo en el Teatro Vorterix, con un completo sold out y con un ida y vuelta entre los músicos y su audiencia que confirma que ese devenir no responde a una estrategia de expansión calculada, sino a una lógica de insistencia que tiene que ver con hacer del vivo una práctica sostenida, donde la convocatoria crece, sobre todo, por mecanismos analógicos como la recomendación directa y la validación recíproca.

 En un show de Camionero se activa una sensación de déjà vu que remite a cierto  imaginario conocido; sin embargo, esa cercanía no deriva en repetición, sino en renovación. Un recital de esta banda no se presenta como un espectáculo para ser contemplado a la distancia, sino que las individualidades se ven interpeladas por la celebración de un pogo colectivo. En vivo, cada canción se despliega con un pulso sostenido, sin desvíos. No hay guitarras acústicas, teclados ni vientos; todo el peso recae en una estructura mínima llevada al límite. Un show de Camionero avanza sin pausas ni concesiones, encadenando golpes que no buscan un momento culminante, sino sostener una marcha constante, casi sin respiro. 

Fotógrafo: Yoel Alderisi

A esa dinámica se suma una estética teñida por un tiempo pretérito, que atraviesa tanto el sonido como la puesta en escena: en pantalla aparecen tipografías asociadas a los años setenta y ochenta, escenas de películas de época (persecuciones de autos, imágenes con grano y textura de VHS). Lejos de funcionar como fetiche del pasado, lo retro opera aquí como toma de posición; una manera de recuperar ritmos, gestos y formas de estar en el mundo, cosas que en la era digital tienden a neutralizarse. 

En ese contexto, el show adquiere forma de un ritual. Los límites entre banda y público se vuelven porosos, vuelan latas de cerveza, los cuerpos entran en fricción y las canciones se cantan con entrega, de memoria, como si hubieran sido aprendidas mucho antes de existir. La descarga es mutua: la banda empuja y la respuesta no es decorativa, sino equivalente. No hay promesas de salvación ni épicas prefabricadas, en Camionero hay una forma de hacer que logra volver a poner al rock en circulación como práctica viva.

Parecemos dos pero somos muchos

Camionero ensaya otras maneras -estéticas y políticas- de habitar la música contemporánea. En su universo conviven literatura, marxismo, anécdotas suburbanas, filosofía y un existencialismo atravesado por un pulso de rock innegociable. La escena que propone este power dúo no se agota ni en el escenario ni en el momento del recital, sino que se construye y sostiene colectivamente a partir de acciones concretas. Desde entradas accesibles hasta prácticas solidarias sostenidas en el tiempo, el proyecto deja en claro que no se articula alrededor de jerarquías cerradas ni de nombres propios.

“Parecemos dos, pero somos muchos” funciona como un leitmotiv estético y performático, pero también como una descripción precisa de la escena que se organiza alrededor de la banda. La condición de dupla no opera como un límite, sino como un principio de expansión, que desborda el escenario y se proyecta hacía el entramado colectivo que acompaña en cada fecha. En ese ecosistema ocupan un lugar central El Acoplado y La Rueda de Auxilio, dos iniciativas que extienden el proyecto musical hacia una lógica cooperativa.

Fotógrafo: Yoel Alderisi

El Acoplado funciona como una feria autogestiva que reúne a artistas y trabajadores de distintos oficios (gráfica, indumentaria, objetos, cerámica, ilustración, entre otros) y transforma cada show en un espacio de circulación cultural compartida. La Rueda de Auxilio, por su parte, articula acciones solidarias y colectas que inscriben a la banda en una práctica concreta de ayuda mutua. Lejos de ser anexos, ambos dispositivos amplían el sentido del vivo hacia una red de vínculos y afectos. 

En el universo Camionero, la fidelidad no se sostiene a partir de consignas identitarias ni en pertenencias cerradas; más bien, es una acción que se renueva fecha tras fecha y que se mueve por la música en vivo, la escena que se arma alrededor, el antes y después de cada show. En tiempos atravesados por la fragmentación y el individualismo, esa constancia produce algo concreto; una forma simple y contundente de reconocerse, de estar juntos. No hay épica ni promesas, solo una certeza que se verifica cada vez que empieza a sonar la primera canción: nadie avanza solo.



+Info

En su haber, Camionero cuenta con E.P. I y E.P. II (2018), sus dos primeros trabajos de estudio; luego le dieron forma al EP Confianza en ti solo (2019) y a los álbumes Club Camionero (2021) y Todo lo sólido se desvanece en el aire (2023).

2 respuestas

  1. Avatar de Damaris Belachur

    Tremenda reseña🔥 Felicidades Ivi y Agus
    🤘Que sea rockk🤘

  2. No conozco la banda y me dieron ganas de escucharla. Esta claro que quienes escriben han disfrutado más de una vez la potencia del rock en lo colectivo. Felicitaciones chiques

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