Artaud Cultural

Ven tormenta, hazme grande

Acerca de la poética de anónimo, álbum de Juana Aguirre

Ahora que llueve tan poco, o se inunda todo

anónimo es el nombre del segundo álbum de estudio de la cantautora, compositora y productora argentina Juana Aguirre, lanzado el 22 de julio de 2025. En él, configura una serie de paisajes sonoros y poéticos cuyo origen es el encuentro de lo orgánico con lo digital. Canción por canción, entrega las coordenadas precisas para un sumergimiento profundo en las aguas de esta mixtura sensible, donde la visión nocturna y urbana de la existencia y los destellos folk – conectados con una autenticidad digna de su enfoque experimental e intuitivo – producen finalmente una obra potente, única, a la cual se puede regresar siempre para captar nuevas imágenes.

Fotógrafa: Victoria Del Sel

Compuesto, grabado y producido mayormente por ella misma en su home estudio en Buenos Aires, anónimo es la experiencia de un ecosistema emocional que suena a collage analógico y filigrana digital, sin que lo artesanal disuelva lo digital, sin que lo digital corrompa lo artesanal.

El lenguaje sonoro está conformado por grabaciones caseras, sampling, instrumentos acústicos. El repertorio es luminoso y nocturno a la vez, y las letras son minimalistas. Esta atmósfera se completa con la identidad gráfica, siendo parte el collage de Braulio Amado en la portada, y la dirección de arte de Maks Fede en videos oficiales, disponibles en YouTube.

El disco fue abriéndose a la luz difuminando los límites entre la composición y la producción, en palabras de la propia Juana. Tal vez sea por eso que su arquitectura sonora está tan bien complementada con la lírica, así como con su universo visual. Cada arista constituye la poética de anónimo y diagrama una historia ambigua con etéreas contraposiciones humanas.

No es la palabra lo que nombra esto que siento

La escritura de Juana es simple y profunda. No necesita cargarse de metáforas complejas para tocar una fibra ósea o despertar una sensación elemental en el cuerpo. Las letras de las canciones se conectan entre sí por ciertos símbolos repetitivos, que son, sin embargo, móviles: una flor, espinas, la noche y el acto de nombrar (o su imposibilidad).

El disco inicia con una textura que parece contener la rutina diurna, una atmósfera de calle, espera del colectivo y bocinas. Mañana la gente saldrá de su casa, encuentra la puerta, no siempre las ganas. El primer track es las mañanas, donde la voz casi sin sostén de armonías – solo un murmullo espectral de flauta y algunas intervenciones de teclado – cuenta acerca de ese despertar del mundo en la ciudad que es, a su vez, contexto de una intimidad de dos: volví para verlo, el sol de tu caradejaste en mi mesa la flor más dulce. En esta línea se halla el encuentro con un misterio que se dejará vibrar en el resto del disco. ¿Qué es la flor? Tal vez, es aquello que queda cuando la otra persona ya no está, o el gesto amoroso que otorga belleza en medio de la apatía cotidiana.

Fotógrafa: Victoria Del Sel

En contraposición con lo anterior – no solo porque evoca otro momento del día, sino por el frenesí a lo Weird fishes que entraña – continúa la noche, negrura que es entidad y escenario de la pérdida. Llevate los huesos, dejame la carne dice en esta presunta desintegración parcial, que se puede leer como aquello que se va de nosotros ante la ruptura, la distancia o el cambio. 

La oscuridad emerge como fantasma que se filtra cual líquido por la habitación y toma, desde la espalda, la parte del ser que se ausentará, la noche te alcanza

La herida late (el vendaje blanco, espinas y rosas) y borrar de la memoria al otro podría adormecer todo aquel dolor: tengo la ilusión de guardarte junto a mi colección de olvidos. 

La voz poética en las espinas halla el hecho de que no es tan fácil olvidar. Como escribe Huidobro en Altazor: “En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible / una flor cierra el camino”, es hora de mirar a lo perdido de frente y tener el coraje para enfrentarme a las espinas de mis males. Entonces la noche deja su frenesí de lado para traer un insomnio largo pero compasivo, donde la flor es arrancada porque ella rearma el pasado y evidencia el dolor presente. A sabiendas de su finitud, de la inminencia del tiempo que la marchita, dice: como la piedra, todo en el tiempo vuelve un día a ser arena.

Aquí es donde, en cierto modo, la palabra deja de ser suficiente, como en todo duelo: a lo mejor, no es la palabra lo que nombra esto que siento. Sin embargo, frente a ello, hay una hermosa resignación que permite encontrar el camino para atravesar la pena: por encima de un sonido espeso que rememora de a ratos un bombo legüero, se la escucha decir haré el intento de atravesar con tu ternura este lamento.

Pequeñas y casi imperceptibles voces robotizadas o interferencias cibernéticas inician automático, el cuarto track – tal vez la canción más experimental del disco en cuanto a los elementos de su estructura – en el que Juana canta: duérmete en mis manos, iremos a un lugar extraño, en la orilla un animal y en la lengua tu nombre, lo cual parece hacer conexión con la remembranza de las espinas, una remembranza que no pudo hacer desaparecer la noche.

Una autómata regresa una y otra vez a lo conocido. “La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas”, como dice Pizarnik en un poema, para impedirse ver lo, sin embargo, inevitable. Pero no hay adaptación o resignificación posible en la anestesia. Si no logro despertar, todas mis cosas se rompen: lograr salir del modo automático es el verdadero recomienzo.

Al inicio de la quinta canción, la intimidad de Juana y su guitarra invita a la solemnidad de lo simple; en aquella austeridad acontecen exquisitos versos: Ahora que volvieron esos fantasmas que dan miedo, ¿qué más urgente que nuestro amor? VOLVIERON es un llamado de atención hacia lo que es realmente importante. Mientras la canción progresivamente va sumando capas de coros y otros instrumentos, nos hace preguntarnos: ¿qué se puede hacer ante la inminencia de la muerte? No esperar a que sea perfecto. Amar. Urgentemente.

lo_divino parece contener la esencia, no solo de lo familiar, sino de lo que siendo familiar, sabido, no pierde la sustancia divina: mira cómo brilla el suelo cuando se cae la tormenta. Entre la fragmentación onírica de los sonidos y una melodía que parece remitir a la infancia, canta: como todo lo divino, puede que sea crudo y duela, y así aúna el hecho de que lo más terrenal y humano también forma parte del ser espiritual. Hacia el final, el poder de nombrar manifiesta, como dice un poema de Roberto Juarroz, “un acto de amor: crear presencia”: aunque sé que es imposible porque estás en otra parte, tengo las palabras para nombrarte.

Fotógrafa: Victoria Del Sel

Aquel amuleto contra el olvido que en las mañanas se recibe como ofrenda, perece: el tiempo deshizo la flor. También, en ese acto, se diluye una parte de la identidad. En el séptimo track, llamado un nombre propio – un título que confronta irónicamente con el anonimato -, el recuerdo y la nostalgia evidencian todo lo que ya no (se) es.

En las espinas se advierte el tiempo en el que dicha flor se volverá cenizas; en cambio, en este momento se revela la verdadera ausencia, ineludible, y se la vive de manera total, hasta el punto en que, quien pronuncia el poema, se convierte en un ser informe. Mientras la música genera un ambiente de vacío acuático, tal vez como metáfora de un espacio inhabitable o bien de una pausa necesaria y fértil, la voz dice: mis formas se desarman. Lo que persiste es solo la memoria de una mirada.

La voz de Juana vuelve a sonar acompañada únicamente por su guitarra, esta vez casi sin efectos ni capas, en TORMENTA. Eres la flor hermosa, rompe mi piel tu perfume de rosa. La simetría radial de la flor es ese movimiento que permite depurar con su violencia todo el sentido de lo habitado y en donde es inevitable sentirse valiente y frágil a la vez: Soy valiente, soy tan frágil… llegará el tiempo de ser… hoy, o mañana.

La tormenta que se observa en lo_divino, aquí se manifiesta como potencia sanadora. Ven tormenta, hazme grande traduce el renacimiento, la visión de los hechos con mayor amplitud, la reivindicación de la resiliencia.

¿Qué sigue luego de renacer? Tal vez el hambre de experimentar y una intención expansiva. Como dice Pizarnik en un verso: “ya comprendo la verdad / ahora / a buscar la vida”. Aquello que es ajeno – pero que acaece todo el tiempo -, exterior a lo protegido, está esperando ser vivido como si fuera un mundo nuevo. En ese sentido, las ramas encuentra el camino apartándose del aislamiento y deseando observar un poco más allá.

La palabra navega sobre guitarra y teclados mientras dos estados anímicos se desarrollan en la misma pieza. Por un lado, el cansancio del encierro que grita que es momento de salir a ver todas las cosas que están afuera. Hacer estallar el adentro. Cambiar de lugar. Por el otro, la visión de las ramas rotas por el temporal que se conecta con un susurro que dice: procura desobedecer, como si el mensaje de trasfondo fuera que, ante el éxtasis de vivir, es mejor atesorar una rebeldía que impulse la contemplación novedosa y la transformación.

La última canción del disco es los pilares, un micropoema destilado que fluye desde rústicos acordes y, a través del cual, se percibe una ilusión de transición, más que de final.

Ella canta: mira cómo se caen los pilares más duros, esos que sostienen el mundo. No hay manera de que todo se siga sosteniendo tal y como estaba: algunos cimientos ya no tienen sentido luego de haber sellado el duelo.

Al salir del escondite introspectivo, la invitación es a mirar el cielo – mira como las aves trazan líneas cardinales – y así, ir más allá de lo humano en la experiencia vital, considerar un estado contemplativo profundo, aquel en el que la consciencia se entrega al presente y no importa siquiera tener un nombre propio.

Fotógrafa: Victoria Del Sel

Una casa sin esquinas

anónimo no responde a lógicas inmediatas, sino que elige deliberadamente otro camino. Posee el valor imperecedero de una obra de arte que madura, a su propio ritmo, en quien la escucha. Se erige hacia la profundidad, no hacia el consumo superficial. Y es entonces una casa sin esquinas, como se escucha en lo_divino, porque se puede seguir ampliando la significación de su poética, se puede continuar expandiendo sus límites, aunque esté compuesto con términos de aquella identidad que solo aflora a solas en una habitación.

El sitio de Bandcamp de Juana Aguirre reza: “anónimo is an act of transformation” y resume, de esa forma, la introspección que habita en todo el disco, en la traza que se escribe desde las mañanas hasta los pilares, desde la existencia humana y singular hasta la totalidad que nos incluye y soporta. Es decir, la introspección necesaria para que la transformación interior se produzca.

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